• Diana Otero

LISBOA


Lisboa fue el último destino que visitamos de un viaje de un mes por Europa. Pensábamos que llegaríamos agotados, con pocas ganar de caminar y explorar. Sin embargo, esta ciudad llena de energía nos recargó por completo y nos lanzamos a caminar más de lo normal, ya que las calles de Lisboa son muy peculiares en forma de pequeñas montañitas, por lo que es todo un sube y baja.


Alfama es el barrio más antiguo de esta ciudad y queda en punto súper alto, por lo que lo normal es subir en el Tram. El Tram es en Lisboa lo que los Cable Cars son en San Francisco. Un método antiguo de transportación que se ha convertido en toda una atracción turística. Si bien montarnos en el Tram nos hubiese ahorrado la larga caminata hasta Alfama, hubiésemos quizás perdido hasta una hora de hacer la fila para montarnos. Y total, que después de todo caminar nos hace explorar más las ciudades.


Allá en Alfama, además de admirar la vista, aprovechar para comprar alguna artesanía y comer algo, visitamos el Castillo de San Jorge. Este es uno de los puntos turísticos más conocidos de Lisboa. Aparte de este, las plazas son perfectas para tomar fotos al aire libre. De entre tantas que hay visitamos Plaza del Rossio, Plaza del Comercio y Plaza del Margués de Pombal. Al menos pasar a verlas es parte de la experiencia.



En todos los destinos buscamos probar algo que represente la ciudad, ya sea un plato de comida, alguna bebida o un postre. Quien ha ido a Lisboa sabe que no puede pasar desapercibido el pastel de nata. En cada esquina, en todos los cafés y hasta en el desayuno del hotel se tropieza uno con este delicioso manjar. Desde el día que lo probamos lo bautizamos como el mejor postre del mundo. La tradición es acompañarlo con un café, que en cualquier lugar apenas te cobran un euro por ambos. Para probar el más auténtico hay que llegar hasta Pastel de Belem, el lugar donde según cuentan, fue creado el pastel de nata.

Si el tiempo es suficiente, recomendamos sacar un día para ir hasta Sintra, que llegas en apenas unos 40 minutos desde Lisboa en tren. Es un pequeño pueblito con un encanto y magia únicos.

Lisboa es una ciudad con una vibra fascinante y una personalidad muy única. Si lo que buscas es una ciudad europea diferente, esta debe ser sin duda alguna.
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